5.29.2009

Los fantasmas

Estas noches he soñado con fantasmas. No con personas que han muerto, si no personas que han salido de mi vida, hay un muchacho, un tanto afeminado, que en mis sueños se ha vuelto una mujer, y muy bonita, hay una chica que quería ser actriz, y la he soñado ya mayor, entrada en años y en carnes, pero con un aire señorial del que carece en la vida real, ataviada con un agradable vestido veraniego de color amarillo, muy apropiado para pasear por la costa azul, de unos 50 años atrás. También he soñado con el fin del mundo varias veces, muy parecido al de las películas de la serie B de los tiempos de la guerra fría, con virus letales, o invasiones de cuerpos, como esas películas de zombies que no parecían de zombies, porque éstos usaban corbata y no comían cerebros.
Me he preguntado el porqué de estos sueños apocalípticos, el porqué de la presencia en mis fantasías nocturnas, de seres en los que despierto rara vez pienso, y con los que sé que perdí todo nexo. Me resulta curioso que no estoy en el momento más triste de mi vida, ni tampoco en el más feliz, que estoy, en cualquier caso, escribiendo una historia triste, y que a veces pienso que cuando la termine tendré que escribir otra un poco más alegre, o tal vez, no volver a escribir ninguna, luego dejo de divagar y sigo escribiendo.
Pero hay una cosa que es cierta, y es que estoy muy lejos de casa.

5.27.2009

Comida de Senegal

Hoy almorcé en un comedor senegalés, es un gran salón que es al mismo tiempo comedor y cocina, en la planta más baja de un edificio de interés social, la comida estaba muy buena, y era muy barata, € 1,50. Un montón de arroz condimentado, un guiso con repollo y otros vegetales, y un trozo de pechuga de pollo generoso, pero mucho más pequeño que los que dan en los restaurantes un poco más mainstream, el comedor y la comida originalmente eran de Senegal, pero sentados en las mesas había negros de varios países de Africa, pero también había unos cuantos rubios comiendo, estudiantes en su mayoría, y la mesa donde estaba yo con mis amigos, todos mestizos. Primero haces una fila y te llenan el plato, luego en la mesa, solo si lo deseas, usas los cubiertos, entiendo que en algunas etnias se acostumbra comer el arroz con las manos, pero todos los que vi usaban el tenedor. Pregunté y me dijeron que en el verano salían todos afuera, a comer en el jardín, algunos negros se servían un plato grandísimo, pero luego se lo comían entre dos, un niño hizo la fila llevando un plato aun más grande, imaginé que de ahí comía toda la familia. La cocinera era una negra gorda y grande, vestida con uno de esos trajes típicos africanos, pero de los de estar en casa, no los de las fiestas, lleno de colores y estampados exóticos, era difícil arrancarle una sonrisa, aunque algo en su mirada dejaba entender que era como la madre de todos los que ahi estábamos, los comensales en cambio le buscaban a uno conversación, y en general reinaba el buen humor. En la televisión una ministra anunciaba no sé qué medidas económicas, y los pocos que miraban la pantalla se mofaban de ella, luego dijeron algo de los ganadores del festival de Cannes, y a eso ya nadie le prestó ninguna atención.

5.05.2009

La entrevista

El viaje era largo y agotador, en uno de esos autobuses viejos y sucios, el paisaje era verde y agreste. En un momento dado, más de la mitad de los pasajeros se bajaron subitamente, protestando en una lengua indigena que no descifré. A partir de ahí venía lo mejor del trayecto, el sol calentaba a más no poder y el paisaje se tornaba más siniestro, más soleado, y más cálido, pero era evidente que estábamos llegando a un lugar inadecuado. Al bajar estuve a punto de pisar a un escorpión, el chofer se rió de mi torpeza, por que debí hacer un gesto un poco ridículo. Caminé por un poblado sucio y desagradable, por un camino de casas desvencijadas que seguramente se veían igual de mal cuando estaban nuevas, todo el lugar, y las escas personas que lo transitaban emanaban el aroma del abandono. Llegué al lugar convenido y toqué la puerta:
-Así que es usted el que quiere ver a Don Sata