1.04.2009

Juana se come los ratones

Cuando mi madre me dijo que la prima Juana se vendría a vivir con nosotros la idea no me gustó nada. Mi madre criticó mi falta de sensibilidad, la pobre Juana se había quedado huérfana, sola en el mundo, y además solo sería por un tiempo, mientras se presentaba a las universidades públicas, ya que lo que le habían dejado de herencia no le permitía vivir con mayores lujos, aunque eso sí, para poder cobrar la pensión de su madre, debía seguir estudiando. Llegué incluso a sentirme un poco culpable, no obstante, en un principio yo era tan quisquilloso que hasta me molestaba que hubiera una empleada doméstica en la casa, que no decir de una completa extraña como Juana, que además se quedó con una habitación, la empleada al menos se iba al final de la tarde, y debo decirlo, pasados tres meses, yo no me había acostumbrado a su incomoda presencia.
Mi madre no me creyó cuando se lo dije, pero es la verdad. Una noche bajé a la cocina a prepararme un café, después de ver una extraña película sobre un periodista que se fingía loco para que lo internaran en un manicomio y así poder esclarecer un crimen. Escuché un ruido, y recordé cuando vivíamos en aquella casa de las afueras que quedaba pegada del monte, teníamos una gata que constantemente cazaba ratones, pajaros o ratas salvajes y grandes. Y era común escuchar esos extraños sonidos animales, ruidos bruscos y rápidos, emitidos por seres que se mueven solo por el instinto y no por la conciencia. Pensé que la imaginación me engañaba, pero al encender la luz de la cocina vi una sombra en el suelo, pero más grande de lo normal, de hecho, más grande que la gata que había en la casa donde vivíamos cuando yo era niño, o que cualquiera de los animales que por allá pululaban. Casi me pellizqué para comprobar que estaba despierto, porque es que además sonreía, Juana, sentada en el piso, sonreía. Tenía la boca manchada de sangre, como si fuera sirope, y sobresalía de ella la cola de un ratón mediano.
No aprobó el examen de ninguna universidad pública, mis padres no piensan pagarle la privada, pero tampoco se atreven a echarla, yo estoy dudando entre irme de la casa (tengo ya 26 años cumplidos), o traer un perro

2 comentarios:

Purque dijo...

Uy Diegogue! Después de este... pescaditos en la panza... Te felicito. Besos, che...

Diegogue dijo...

gracias purque