3.29.2025

jarmush

 Yo las primeras películas de Jim Jarmusch las vi en vhs, en videocasetes que eran copias de copias que alguien había traído de Estados Unidos. No tenían subtítulos y mi inglés de ese entonces no era demasiado bueno. Ni el de mis amigos, pero hacíamos lo que podíamos. El que consiguió las cintas fue Segismundo, que estudiaba arquitectura conmigo, los otros dos Fernando Y Martín, eran hermanos, y eran muy simpáticos. Segismundo abandonó la carrera para dedicarse al cine, yo la abandoné por los comics. Segismundo llegó a filmar un  corto experimental bastante extraño, pero bien hecho, yo alguna vez lo ayudé con el storyboard para un videoclip de Desorden Público. En mi casa, lo de que dejé de estudiar fue una tragedia, así que un poco por ganar tiempo me metí a estudiar Literatura, y Martín y Fernando estudiaban ahi, así que por una u otra razón siempre estábamos conectados.

Recuerdo con mucho cariño ese cineclub improvisado en la casa de Segismundo. Aquella fue una época muy oscura para mí, lo de que deje de estudiar la carrera que me habáin esocgido mis padres se volvió un drama familiar espantoso. En parte porque tuve amigos que me apoyaron, que me hacían comentarios amables y no tan amables de mis primeros y torpes comics, las cosas no terminaron realmente mal. Amigos con los que compartí el gusto por cine poco comercial que no emitían en salas, como Jarmusch, o de música que no era popular, como Love and Rockets, en parte porque tuve todo eso no ocurrió una tragedia. En parte porque los tuve a ellos, mi situación familiar me resultó tolerable, y no tuve el destino de aquel personaje de La sociedad de los poetas muertos al que su padre no le permite dedicarse al arte.

Pero luego las cosas fueron a peor. Yo me vine a Colombia, donde no tuve amigos con los que compartir mis gustos, pero hice mi vida y mi carrera aquí. Muchos años después Fernando dejó un comentario en uno de mis blogs, nosotros habíamos sido amigos cuando no había internet. Luego nos escribimos correos. Lo que me contó Fernando fue terrible. Yo lo último que había sabido de Martín es que se había ido a vivir a New York. Fernando me contó que una vez su hermano regresó a Caracas a visitarlos, que durmió una noche en la casa de su padre, un señor al que nunca conocí que tenía una zapatería. Pero las siguientes noches de su estadía en la ciudad Martín durmió en un banco del parque, al lado de la casa. Yo recuerdo ese parque. Luego Martín regresó a NY y hasta donde se supo, vivía en la calle. Fernando me escribía contándome esto desde España, donde él también era indigente y dormía en las estaciones de tren. Nunca entendí que fue lo que le pasó a estos dos hermanos, sólo tengo claro que ambos fueron muy buenos amigos.

Un día Segismundo me contactó en Facebook, había dirigido un largometraje y quería que yo lo viera. Lo vi, era una película muy rara, completamente experimental, mucho menos digerible que su corto de años atrás. No me quedó claro si era una obra de arte demasiado exquisita o un ejercicio de pedantería. Sabía que Segismundo me iba a preguntar mi opinión, busqué en internet reseñas de la película. Solo encontré una entrevista a Segismundo donde éste decía que su película era una metáfora sobre lo difícil que era vivir en Venezuela bajo el cruel bloqueo al que el imperialismo yanqui sometía al regimen de Maduro. Yo vi la película, y debo decir que no tenía nada que ver con eso. Sentí asco. Yo también dirigí un largometraje financiado con fondos públicos, mi relación con el ente que mal financió mi película no fue la mejor, pero nunca me pidieron que le lamiera las botas a un regimen asesino en una entrevista.

Recuerdo sí, mi grupo de amigos a los 19 años, amanecidas oyendo Purple Rain de Prince, ver Stranger than Paradise en grupo, ir a conciertos de los grupos latinoamericanos de moda, discutir sobre Proust y Joyce, escuchar Specials y John Lurie. Agradezco a mis amigos, aunque luego la vida nos haya dado a todos un vuelco.

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